jueves, 28 de enero de 2010

Londres


Hace dos años, en un momento de "me escapo un rato o rebiento", pasé dos semanas, sin compañía alguna, en la capital inglesa. Me enamoré de ella. Cuando he vuelto a ir, me ha gustado aún más, y he pensado más seriamente en no volver. Es lo que tiene Londres, cuanto más tiempo pasas allí, menos ganas tienes de irte.

Londres es el centro del mundo, y no sólo literalmente. En Londres converge todo, y puedes encontrar cualquier cosa, de cualquier tipo, a cualquier hora. Tiene tantos colores que te marea, y aunque es sonora, no resulta ruidosa, porque en ella reina la armonía. Todo es limpísimo y ordenado de un modo contradictoriamente caótico. En Londres todo es al revés, pero todos se acostumbran, porque siempre hay algo para todo el mundo. Londres es cosmopolita. Hay todo tipo de gente, la más buena y la más mala, de la que hay todo tipo de nacionalidades, y aunque el acento británico embelesa por doquier, escuchar el idioma más extraño no sorprende en absoluto. En Londres se junta el mundo entero gastronómica, cultural y ociosamente hablando... sin perder su esencia anglosajona.

Las cosas que más me gustan de Londres son, por ejemplo, que nunca te aburres. Siempre hay algo que hacer y a donde ir, y siempre es algo diferente. La novedad no cesa en Londres; también adoro que sea tan verde. Mires a donde mires, vayas a donde vayas, y por mucho que sea una capital, siempre hay un árbol, un jardín, o un parque con ardillas desvergonzadas; y lo que mucha gente que no conoce Londres, o quien que cree conocerla, no sabe, es que Londres no es el Big Ben. Londres no es un barullo interminable de movimiento y luces (que también lo es). Porque si sales en cinco minutos con autobús del centro, te encuentras con otro mundo, que pertenece asombrosamente a ella misma, de pueblucho tranquilo o parajes insólitos.

Londres es única. Por sus parques aislados de Jane Austen, por sus autobuses rojos de dos pisos, por sus pubs de cierre antes de medianoche, por su alternativa Camden, por su estresante metro, por sus luces nocturnas, por sus edificios góticos y modernos, por sus cafés aguados, por sus carísimos mercadillos y sus gangas vídeo musicales, por sus extraños semáforos, por la velocidad de sus viandantes, por su Támesis, por sus cementerios peliculeros, por sus valiosos museos e interminables librerías, por la unión de lo diverso...

Londres es como yo. Es viva, camaleónica, sorprendente, alegre, hiriente, nerviosa. Entre ella y yo existe una conexión que, por mucho mundo que vea y mucho que pase el tiempo, no se romperá.

Porque Londres nunca es la misma, pero siempre sigue igual.


Laura Sánchez

miércoles, 27 de enero de 2010

Receta: Ragù


El ragù es la verdadera salsa boloñesa que se utiliza en Italia. Como peculiaridades para nosotros, no se usa tomate frito y... la carne se cuece durante 3 horas. Se usa como acompañamiento de pasta (tagliatelle) o como relleno de lasaña. La diferencia SE NOTA.

En Nápoles la carne se cuece más tiempo, no suele ser del todo picada y lleva menos tomate que en Bolonia, donde sí usan carne picada, pero más tomate, y se cuece durante menos tiempo. Yo la hago a la boloñesa, pero le dejo mucho tiempo de cocción. Así la carne se vuelve súper jugosa y sabrosa.

INGREDIENTES

- 2 cebollas grandes picadas
- 2 zanahorias picadas
- 1 apio picado
- 1 kg de carne picada (vacuno y cerdo)
- 1 hoja de laurel
- 1 vaso de vino tinto
- 2 latas grandes de tomate entero pelado
- sal
- paté sabor suave

PREPARACIÓN

Poner la cebolla, la zanahoria y el apio picados en una olla grande con un buen chorro de aceite. Freir.

Añadir, cuando la cebolla esté pocha, la carne, y cuando ésta esté cocida, agregar poco a poco el vino y el laurel, con un puñado de sal.

Cuando la carne pierda el agua, añadir el tomate.

Dejar cocer a fuego lento e ir removiendo para que no se pegue, durante unas 3 horas, hasta que la carne haya absorbido todo el tomate.

Añadir, si se desea, un poco de paté para suavizar más la carne, y mezclar bien.

NOTA: Para servir con tagliatelle, hervir la pasta con sal en una olla, escurrir y mezclar inmediatamente en esa misma olla con la cantidad de ragù que se desee. Servir con queso rallado (a poder ser, seco y fuerte, como parmesano) por encima.

Tengo hambre.


Laura Sánchez

martes, 26 de enero de 2010

Receta: Tarta de Queso


La Cheesecake es una tarta que ha recorrido el mundo, convirtiéndose en uno de los postres más famosos. Su origen parece estar en la Grecia Antigua, de donde pasó a los romanos, quienes la expandieron mundialmente resultando múltiples formas de prepararla. En Italia utilizaron queso ricotta, en Alemania quark y requesón, en Francia queso Neufchatel. Fue en Estados Unidos donde un productor de quesos intentó elaborar la receta francesa con Neufchatel que por error dio origen al famoso queso Philadelphia, lo cual haría surgir el auténtico Cheesecake americano.

Esta es una sencilla receta americana de la tarta de queso. Deliciosa y fácil de preparar.

INGREDIENTES

- 1 tarrina de queso Philadelphia (300 gr.)
- 3 huevos
- 3 yogures naturales azucarados (o alguno de sabor)
- 5 cucharadas de azúcar
- 3 cucharadas de harina
- 1 cucharadita de vainilla
- Galleta María picada
- Mantequilla
- Mermelada de arándanos (opcional)

PREPARACIÓN

Derretir la mantequilla y picar la galleta. Mezclarlas hasta obtener una masa compacta. Huntar un molde de mantequilla y poner la mezcla como base (será la base de galleta). Meter en la nevera mientras elaboramos la tarta.

Batir la philadelphia, los huevos, los yogures, el azúcar, la harina y la vainilla. (Nota: a mí me sale más buena si los bato a mano en vez de con la batidora, sale más casera).

Añadir la mezcla al molde y hornear durante 30 o 40 minutos.

Dejar enfriar y, si es que se quiere, añadir por encima la mermelada de arándanos. Meter en la nevera unas horas.


Laura Sánchez

Amada rutina


Rutina: "Costumbre inveterada, hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y sin razonarlas."

Partiendo de estos datos de la Real Academia, entendemos que seguir una rutina es un acto no innato, bien antiguo y, sorprendentemente, no muy racional. La gente, por puro acostumbramiento y sin fundamento ni argumento probado, se levanta por la mañana, se ducha, se viste, toma un café y se va al trabajo, vuelve, come, hace la digestión y una siesta, sale a tomar una cerveza, vuelve y hace el amor con su pareja o, si no se da el caso de ésta y le apetece, se lo hace a si mismo, cena, ve una película de serie B o un documental de Callejeros y se va a dormir, para seguir el mismo procedimiento, u otro que no diste demasiado, al día siguiente, esperando las vacaciones para relajarse y volver posteriormente a su inconsciente mentalmente instalada rutina, abriendo y cerrando los ojos, la boca y el culo cuando su pauta se lo permita.

La rutina suele ser una agradable alineación a la sociedad. Alineación porque es una atadura inconsciente a la susodicha y agradable precisamente por no darnos cuenta del gusto por tal costumbre organizacional. El ciudadano de a pie se pasea llevando un ritmo de vida fijo que le une a la sociedad formando un conjunto funcional y uniforme que actúa sin pararse a pensar un minuto que lo que está haciendo no le pertenece y es irracional.

Acojónate.

No pretendo hacer demagogias baratas ni deseo un modelo anárquico caótico de "haz lo que te de la gana sin ataduras de ningún tipo", sino dar cuenta de que yo sí me he percatado de la situación y me he parado a reflexionar. Esto puede deberse a mi actual falta de rutina y consecuente exceso de tiempo para pensar, pero quién sabe.

Existen, por desgracia, personas inconformistas (¡o visionarias!) que se percata de que lo que hacen cada día lo hacen sin sentido, sin querer y sin pensar. Y no les gusta saberlo. Porque cuando te das cuenta de que la rutina te atrapa, caes inevitablemente en un deseo de escape desarrollado por tu parte animal, que quiere correr libre por el monte cual cervatillo sin que le digan qué tiene que hacer; la parte que sabe que hace lo dicho por tener que hacerlo y no por placer. Porque queremos hacer lo que queramos hacer y no lo que debamos hacer. ¿Por qué? Porque nos arranca el individualismo y el egoísmo de "¿por qué lo haces?"; "porque sí".

Sin embargo, una persona sin rutina se vuelve loca. La persona (servidora) que disfruta del tiempo libre de la ausencia rutinaria laboral, estudiantil, etcétera, se siente incomprendida, excluída del rebaño y sin un rumbo fijo que la una al mundo. Es el asco de levantarse y no tener nada que hacer salvo lo que te apetezca. La porquería de ser libre. Y es que lo más gracioso del asunto es que necesitamos esa rutina; esa pauta repetitiva y robotizada da sentido a nuestra existencia. La odiamos por ello, pero nos hace falta como el aire y el agua si queremos una vida "normal" (y uso las comillas porque yo no he asumido totalmente que eso sea normal).

Por tanto, lo único que nos queda es aceptar esta rutina y hacerla nuestra fiel amiga y compañera. Si queremos vivir en paz con una sociedad que encuentra la felicidad en la organización práctica y mental, sólo hay que dejarse llevar plácidamente por ella. Y exprimir inútilmente y a gusto personal e individual cualquier rato libre, degustando un buen libro, desafinando un instrumento musical, haciendo alguna actividad absurda, viajando y descubriendo culturas y pautas de otras personas, o sentándose a pensar y escribir sobre rutina.

Sin dejar nunca de sentirnos animales.

Laura Sánchez

lunes, 25 de enero de 2010

Sentimentalismos I



Bien. Hoy me dispongo a hablar de relaciones. No saquéis conclusiones previas; los argumentos y personajes mencionados en el texto son ficticios y cualquier concordancia con la realidad es mera casualidad.

Veamos, resulta gracioso pensar cómo la mayoría de historias de amor suelen seguir un mismo protocolo. Conoces a alguien, sales, te ríes, te miras, te besas, te acuestas y da comienzo una serie de acontecimientos que en casi todos los casos resulta asombrosamente parecido.

Por eso buscamos la normalidad en una relación. Si ésta se sale de lo común, y alguno de los componentes se encuentra en desacuerdo con la posición adoptada, es decir, cuando esa concordancia relativamente estable no se da, empiezan a aflorar ciertas dudas de si el hecho de estar con dicha persona tiene o no sentido alguno.

Quiero decir que, en muchas ocasiones, uno de los dos quiere más y el otro menos. Esto lleva sieeempre a una frustración contínua que termina desembocando, con toda seguridad y si no se dan cambios, que no suelen darse una vez pasado cierto plazo, en estrepitosa ruptura.

Estaba yo pues planteándome cuántas vueltas da una relación, cuánto evoluciona y cuándo podemos decir que ha alcanzado su verdadera forma. A veces te encuentras con cierto individuo que parece ser la persona de tus sueños y a la mínima, zas! se disipan las nubes y te das de morros contra el suelo. Otras veces ocurre todo lo contrario, vas adelante sin darte cuenta ni ofrecer importancia al arrejunte que estás teniendo con alguien y cuando te percatas han pasado mil años y estás más enamorado/a que nunca.

¿Qué es peligroso de todo esto? No saber llevarlo. O peor aún, no saber qué tienes, ni qué quieres. Cuando estás con alguien, y eso ha alcanzado el punto de poder llamarse, de algún modo, relación, debes hacerte la pregunta de qué está pasando y qué puede pasar. Cuando te autorrespondes a dicha pregunta de forma clara, ya sea para bien o para mal, para serio o no tan serio, no tienes de qué preocuparte. Pero si, bien sea por tu propio pensamiento o por el del prójimo, te sientes incapaz de definir qué estás viviendo, pon en marcha la sirena y replantéate a dónde narices vas.

Al fin y al cabo, el no tener las cosas claras, y os lo dice una experta en ello, es el peor lío en que puedes meterte en cuanto a una relación sentimental.

¿Que definir está visto? ¿Que cada situación es diferente? ¿Que ya veremos? Venga hombre, a freír espárragos.

Nuevo blog


Me llamo Laura Sánchez, soy de Palma de Mallorca y he creado este blog para escribir sobre cualquier asunto que me resulte interesante y que espero pueda resultar interesante a vosotros. Esto puede ser viajes, reflexiones personales, noticias, recetas de cocina, etcétera. Y es que quiero tener un sitio donde almacenar todo lo que me pase por la cabeza. Sin más.

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Laura Sánchez