lunes, 25 de enero de 2010

Sentimentalismos I



Bien. Hoy me dispongo a hablar de relaciones. No saquéis conclusiones previas; los argumentos y personajes mencionados en el texto son ficticios y cualquier concordancia con la realidad es mera casualidad.

Veamos, resulta gracioso pensar cómo la mayoría de historias de amor suelen seguir un mismo protocolo. Conoces a alguien, sales, te ríes, te miras, te besas, te acuestas y da comienzo una serie de acontecimientos que en casi todos los casos resulta asombrosamente parecido.

Por eso buscamos la normalidad en una relación. Si ésta se sale de lo común, y alguno de los componentes se encuentra en desacuerdo con la posición adoptada, es decir, cuando esa concordancia relativamente estable no se da, empiezan a aflorar ciertas dudas de si el hecho de estar con dicha persona tiene o no sentido alguno.

Quiero decir que, en muchas ocasiones, uno de los dos quiere más y el otro menos. Esto lleva sieeempre a una frustración contínua que termina desembocando, con toda seguridad y si no se dan cambios, que no suelen darse una vez pasado cierto plazo, en estrepitosa ruptura.

Estaba yo pues planteándome cuántas vueltas da una relación, cuánto evoluciona y cuándo podemos decir que ha alcanzado su verdadera forma. A veces te encuentras con cierto individuo que parece ser la persona de tus sueños y a la mínima, zas! se disipan las nubes y te das de morros contra el suelo. Otras veces ocurre todo lo contrario, vas adelante sin darte cuenta ni ofrecer importancia al arrejunte que estás teniendo con alguien y cuando te percatas han pasado mil años y estás más enamorado/a que nunca.

¿Qué es peligroso de todo esto? No saber llevarlo. O peor aún, no saber qué tienes, ni qué quieres. Cuando estás con alguien, y eso ha alcanzado el punto de poder llamarse, de algún modo, relación, debes hacerte la pregunta de qué está pasando y qué puede pasar. Cuando te autorrespondes a dicha pregunta de forma clara, ya sea para bien o para mal, para serio o no tan serio, no tienes de qué preocuparte. Pero si, bien sea por tu propio pensamiento o por el del prójimo, te sientes incapaz de definir qué estás viviendo, pon en marcha la sirena y replantéate a dónde narices vas.

Al fin y al cabo, el no tener las cosas claras, y os lo dice una experta en ello, es el peor lío en que puedes meterte en cuanto a una relación sentimental.

¿Que definir está visto? ¿Que cada situación es diferente? ¿Que ya veremos? Venga hombre, a freír espárragos.

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