jueves, 4 de noviembre de 2010

Emperrarse


Hay cosas de mí que no puedo cambiar.

Me he despertado después de un sueño que se parece al de la noche anterior, que se parece al de la noche anterior, como el de la noche anterior a ese, y he tenido que pararme a pensar.

El subconsciente es traicionero. Hablo del subconsciente que, queriendo yo misma crearme un consciente más realista y apropiado, me persigue y no me deja en paz. Soy alguien que huye. Cuando ocurre algo en mi vida que no me gusta, o se dan circunstancias en que no me siento realizada personalmente, salgo corriendo en busca de algo nuevo. Esto es bueno, porque siempre estoy dispuesta al cambio y a empezar de cero. El problema es que, aunque esté en cambio constante e intente mejorar mi situación o forma de pensar (y lo consiga, porque lo hago), aquello que me rondaba anteriormente siempre viene conmigo si no lo he solucionado.

Visto está que la importancia de las cosas es relativa individualmente. Que cada cual archiva en orden de prioridad aquello que pasa por su vida a conveniencia y preferencia. Es lo que me ocurre ahora. Hay algo de mi pasado, de mi vida, que no puedo quitarme de encima por no haberlo resuelto; que para cualquiera resultará una chorrada, y para mí, sin quererlo, se ha convertido en algo importante.

Los que me conocen bien sabrán a qué me refiero. A esas personas, no quiero que me juzguéis. Es lo que tiene emperrarse en algo. Es lo que tiene emperrarse en algo cuando se trata de mí. Se trata de tener una determinada idea en mente y una forma de manipularla pensada, y de estar haciendo todo lo contrario para llevarla. Porque no me da la gana tener que considerar algo tan importante como para no poder dejarlo atrás, y prefiero creerme falsamente fuerte y desinteresada en cuanto al tema cuando en realidad me está comiendo por dentro como cualquier otra cosa es capaz de dejarme marca. Y esa negación es mi problema.

Hay algo que tengo claro en la vida, y es que nada está claro en ningún momento. Que todo cambia o puede cambiar si tú quieres. Sin embargo, parece ser que no es así, o al menos en según qué aspecto o momento. Para mí, la mayoría de las cosas pueden verse desde distintas perspectivas, pero hay ocasiones contadas en que, por mucho que me maree a mí misma, el asunto está muy claro. Es cuando uno se emperra. Ayer estaba emperrada en algo. Hoy lo estoy. Y mañana será igual. Ya puedo apelar al cambio, al relativismo, a la superación, que no.

Es posible que el primer paso sea rendirse, o plantearse el camino más fácil: dar la cara, y no la espalda, a aquello que te da miedo... y a aquello que más amas. En este caso, viene a ser lo mismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario